El almendro










El almendro es una historia de raíces, familia y soledad  sobre un árbol que vivió y murió en una rambla que pasa bajo el pueblo de Haza del Trigo, en el municipio de Polopos, provincia de Granada.

En diciembre de 2016, paseando por aquella rambla, encontré el almendro caído y escondido en un desnivel del terreno. Entonces, recordé unos versos de Paul Celan que leí por primera vez en un ensayo de José Ángel Valente, en el que analizaba su poema Mandorla:

Y tu ojo -¿dónde está tu ojo?

Tu ojo está frente a la almendra.

Tu ojo frente a la Nada está

Durante años, sin un método de trabajo más claro que el paseo y la observación, y, muy especialmente, la atención sobre el paso del tiempo, había fotografiado este árbol durante las estancias en aquel paisaje vinculado a la historia de mi familia. Del mismo modo, he ido fotografiando la familia y sus lugares, el pueblo y los alrededores de Haza del Trigo.  





Audiovisual El almendro (apunte), 2017
3 min. y 50 seg.







No está

el almendro.

Sí está, pero no se ve,

ha caído

el almendro.

Hagamos un fuego con esto,
con las ramas y el tronco secos,
con lo que casi olvido.




***




Ardamos

todo junto,
nosotros, el suelo, las piedras, el olvido.

Ardamos

todo lo que queda

y entre las brasas, abiertas las almendras,
ardamos
nada
este lugar vacío
el llanto la garganta abrasada y el grito.

Ardamos

todo

menos el beso de un niño




***




Elegía


Faltas,
ahora.

(Después de no haberte contado lo llorado,
de haber dejado el tiempo en esta escritura,
deshacerlo, abandonarlo, descreerlo,
dejar las palabras en silencio antes de su voz
como tu flor antes de la almendra.

Después

no fui a verte, a estar allí solo ante tu muerte.
No hay esa imagen, ni voz aún de su deseo.

Escribí un incendio de lo que ahora no está y no ha ardido.
Entonces, ¿hubo fuego? ¿Ardieron las palabras, la imagen de ti?

¿Ardimos
todo?

No ha sido el agua quien te ha llevado,
ni la tierra aún te ha tragado.

¿Dónde te has ido? ¿Dónde estás, ahora, que faltas aquí?

Dejas
entonces
este momento,

me desentierras al tiempo,
me devuelves silencio y ausencia de ti.

No estás en tu lugar
y dejas un desequilibrio, un vértigo,
ojos vacíos,
mirada sin memoria.

No estabas, no estás, allí.
Te ha perdido este lugar,
lento abandono hacia tu isla,
esta isla ahora
entre estas piedras,
no eres ni árbol caído ya).

Faltas.


Pierdo

alguna noción de algo que creí habitar
o me habitaba.

Existe ahora un traslado oscuro
tras el silencio que dejan tímidas las crines que frotan la cuerda,
un camino vendado al funámbulo,
una ausencia de piedras y ramas en la sequedad del aire.

Existe ahora un lugar más allá de la sombra
donde un coro oculto entre las piedras y las raíces rotas
canta los secretos que la niña descubrió persiguiendo el aroma del romero,
y las verdades sobre el tiempo, la familia, la memoria y la muerte.

Pierdo en el final
y renace otro lenguaje.

(Tabula rasa)

No es el llanto del desconsuelo
o la desorientación de la pérdida.
Es la levedad con la que un paso de nuevo arranca
y la debilidad con la que cae y conecta de nuevo a la materia.

Arde lo que queda
y habito diferente
ahora
este vacío.




***




Recorro lo que queda de tus raíces al aire, las marcas de su desgarro y la sangre que oscurece la tierra, la ausencia de tu cuerpo en este lugar. Evito mi sombra fugaz cuando la niebla desaparece. Centro al fin la mirada, detengo cualquier búsqueda o llanto y así, de pronto, en el goce de mi desaparición ante el paisaje


brotas

ahora

una nueva grieta desde la comisura de una sonrisa.