La casa del trigo

(2017-2018)













Es un lugar tímido este donde la luz se posa y vela las predicciones.

Volver aquí esta mañana es comenzar de nuevo a sentir la aspereza y la suavidad en la piel.

Frente a la puerta de la casa del trigo, barro fino y seco en los bordes de una maceta vacía.



***



Una cuenta atrás llega a su fin y miro el pasado en tu doliente piel.

Caen tus párpados y se nublan los recuerdos hacia un gris oscuro casi cerca del frío.

Las palabras pendientes de inscribir algún hueco en esta piedra blanca rebotan un golpe seco hacia otro lugar de la ira donde el amor se oculta.

Suena el timbre al final, y vuelvo a tu piel teñida de un rojo tintineante que salpica la blancura y diluye esta oscuridad.


Alleluja
Giacinto Scelsi



***



Claro de luna a mediodía cuando la luz rebotada del patio inunda todo el cuarto.

Hueso, cola y papel, y tus manos nerviosas constelan un libro en blanco y vacío de palabras escritas. Se hace la escritura en mirarte y adivinar la furia en tu piel. Se inscribe la perfección de tu silencio en la madera del telar cuando la sombra escala el lomo de aquel tomo primero aún sin cubrir por la tela negra.



***



Conozco varias puertas y hacia donde se abren, pero no reconozco cuáles son sus llaves.
La del hogar sé que se abre hacia una ruina, hacia la sombra y el silencio;

se confunden el ojo y el oído

donde no hay ruido

se funden


Cuarenta y cuatro horas sin inscripciones hasta la confusión en la cerradura.
Números, tiempo. Se hace la palabra tras la imagen.


La imagen está en varias llaves, la palabra en el hogar.

Alumbra la extrañeza de esta aparición al lenguaje,
implosiona el tiempo hacia la junta de las manos,
comienza la escritura como un hurgar en la tierra seca.



***




Domingo. Paseo. Apunte de crucifixión e interpretación del cardo y zanahorias de Sánchez Cotán. Un papel, dos caras, tinta negra. Temblará una palmera al otro lado de la ciudad cuando volvamos a casa.

Tienes seis años. Te miro mientras miras los cuadros en el museo de Bellas Artes de la Alhambra. Al principio te acercas, pero pronto te retiras, y miras desde más lejos, y te detienes. Primero en un cristo atado a la columna, después una anunciación y después una pequeña escultura de un cristo crucificado. Ahí te quedas más tiempo. Te acercas, lo ves desde diferentes perfiles, te agachas. Estás ahí durante tres minutos más o menos. Me pides mi cuaderno. Sonrío porque antes de salir de casa discutimos eso y decidiste no llevarte el tuyo. Te molestaba traer tu bolso. Sin volver a mirar dibujas una cruz, un cristo, una corona y un marco. Más adelante te pido si puedes dibujar el bodegón del cardo, mi favorito. Y lo dibujas.



***




Nadie nos enseñó a contar nuestros sueños. Nadie nos preguntó por ellos. Nadie nos preguntó qué pasaba. Nadie nos habló de la importancia de la escucha, del silencio incómodo antes de escuchar. Nadie nos escuchó cuando alguien debió hacerlo.

Hoy he abierto de nuevo el buzón y recordé que no hace mucho esperaba una carta que mi padre dijo que enviaría. Recordé haberla esperado. Recordé la que le escribo y borro intermitentemente desde hace algunos años. Recordé una que yo le escribí hace veinticinco años y que leí el verano pasado. Recordé que este verano pasado me propuse cerrar ese capítulo, con una cierta estrategia. Sin embargo ha hecho falta el paso de algún tiempo y algo de silencio. Mientras tanto, ha habido ruido y silencio.

Recuerdo todo lo que recuerdo. Recuerdo algunos retratos. No recuerdo haber escrito aquella carta. No recuerdo todo lo que escribo. No me reconozco en aquella carta que no recuerdo haber escrito, pero me reconozco.



***




Más allá de la noche están las montañas y en las montañas estás tú. Atraviesa mi mirada la ventana y la ciudad recorriendo las luces de colores hacia aquella pared de sombra. ¿Habrás hallado un lugar para el reposo? Todos los ruidos se ciernen sobre esta escritura mas el silencio aguarda en la quietud de tu paseo. Se hace inmensa la imagen y empequeñecen las palabras.



***




En el valle
una grieta en alguna parte en que nuestros cuerpos son única materia.

Existe un valle sombrío en nuestro hogar donde podemos encontrarnos y golpearnos.

En la noche profunda todos dormís. Escribo entonces aquí. Pienso las palabras y las imágenes de nuestra vida y

el corazón se para y

vuelve a latir.

Tengo miedo.



***




Richard Dawson

¿Cómo sabes que esas notas no existen así, como tú las haces sonar?
¡Qué importa lo que existe si no existe o no ha comenzado a existir aquí, ahora!

Reducción atómica.

Como en la casa del trigo, todo lo que parece lo mismo, huele diferente.



***




Lavar vuestro pelo.

Os sentáis en el taburete de vuestro cuarto con el pelo aún mojado. Es la última luz del día antes que caiga el sol y la pared oscurezca. La luz llega rebotada de todos sitios. Siempre un brillo especial en vuestros ojos en la casa del trigo.

Es importante no olvidar ese brillo.

Un año en esta casa. Todo ha ido tan rápido todo ha cambiado tanto que no es aún la casa un hogar. O no lo será nunca. Somos nosotros el hogar; o el hogar es ese nosotros.

No olvidar vuestro brillo.

Se ha transformado tanto la memoria, la simpatía, la empatía y el amor. ¿Y si dejamos las acciones y nos quedamos solo con las palabras quietas?