G A R U N A

El lugar de la piedra, 2013-2015.

Canteras de Sierra Elvira, Granada.

La piedra es casi invisible al principio. Después aparece o la hacen aparecer, y se hace su lugar. Luego se extrae en grandes bloques y se agrupa. Cada bloque sigue siendo una piedra, y si se rompe en mil o más piedras, cada una de ellas seguirá siendo una piedra, una sola piedra. La piedra, como resto de una y principio de otras.

 

La piedra en su lugar. El lugar como el espacio que habita el lenguaje. Cuando se descubre se modifica, la piedra ya es parte de un paisaje transformado. El paisaje comienza a serlo cuando se contempla, y así,  el espacio que ocupa la piedra comienza a ser lugar cuando esta se ha descubierto. Descubrir la piedra es hallar su lugar. La piedra pertenece a su lugar, y el lugar es si hay piedra. Entonces, hay mirada.

 

Si hay lugar hay mirada. Contemplar es que exista algo entre el lugar y el que hace el lugar, el que mira. No hay significados. Hay un orden, una formación de algo, de todo lo que entonces es. Dejar de ser hacedor aún haciendo la imagen con la mirada. El hombre y la piedra, el universo. Y los signos naturales[1].

 

 

En la reunión de las piedras surge un lugar y su mirada. Algo comienza entonces. Sobre los signos, la lectura, lo primitivo. Algo sobre el inicio, el origen, las primeras preguntas y la ausencia de respuestas concretas. Es la fuerza de la forma pura y su abstracción. La dificultad y la necesidad del ser humano para usar el lenguaje.



[1] ZAMBRANO, María.  «Los signos naturales». Claros del bosque. Ed. Cátedra; Madrid, 2011.

“Y así hay que sorprenderse a sí mismo en el asombro ante la evidencia del signo natural: la figura impresa en las alas de mariposa, en la hoja de una planta, en el caparazón de un insecto y aún en la piel de ese algo que se arrastra entre todos los seres de la vida. Signos que no pueden constituir señales, ni avisos. Y que si nos remitimos a ese aviso del puro sentir que vive envuelto en el olvido en todo hombre, se nos aparecen como figuras y signos impresos desde muy lejos, y desde muy próximo; signos de universo.”

El lugar de la piedra.

Sierra Elvira, Granada. (2013-2015)

 

 

La piedra es casi invisible al principio. Después aparece o la hacen aparecer, y se hace su lugar. Luego se extrae en grandes bloques y se agrupa. Cada bloque sigue siendo una piedra, y si se rompe en mil o más piedras, cada una de ellas seguirá siendo una piedra, una sola piedra. La piedra, como resto de una y principio de otras.

 

La piedra en su lugar. El lugar como el espacio que habita el lenguaje. Cuando se descubre se modifica, la piedra ya es parte de un paisaje transformado. El paisaje comienza a serlo cuando se contempla, y así,  el espacio que ocupa la piedra comienza a ser lugar cuando esta se ha descubierto. Descubrir la piedra es hallar su lugar. La piedra pertenece a su lugar, y el lugar es si hay piedra. Entonces, hay mirada.

 

Si hay lugar hay mirada. Contemplar es que exista algo entre el lugar y el que hace el lugar, el que mira. No hay significados. Hay un orden, una formación de algo, de todo lo que entonces es. Dejar de ser hacedor aún haciendo la imagen con la mirada. El hombre y la piedra, el universo. Y los signos naturales[1].

 

 

En la reunión de las piedras surge un lugar y su mirada. Algo comienza entonces. Sobre los signos, la lectura, lo primitivo. Algo sobre el inicio, el origen, las primeras preguntas y la ausencia de respuestas concretas. Es la fuerza de la forma pura y su abstracción. La dificultad y la necesidad del ser humano para usar el lenguaje.

 



[1] ZAMBRANO, María.  «Los signos naturales». Claros del bosque. Ed. Cátedra; Madrid, 2011.

“Y así hay que sorprenderse a sí mismo en el asombro ante la evidencia del signo natural: la figura impresa en las alas de mariposa, en la hoja de una planta, en el caparazón de un insecto y aún en la piel de ese algo que se arrastra entre todos los seres de la vida. Signos que no pueden constituir señales, ni avisos. Y que si nos remitimos a ese aviso del puro sentir que vive envuelto en el olvido en todo hombre, se nos aparecen como figuras y signos impresos desde muy lejos, y desde muy próximo; signos de universo.”

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